Así vivimos la Saca de las Yeguas desde Kukutana

Kukutana

Todavía no había terminado de amanecer cuando empezamos a escuchar los primeros caballos acercándose desde la marisma.

El polvo levantándose despacio sobre los caminos.
Las voces graves de los yegüerizos atravesando el silencio de la mañana.
El sonido de los cascos mezclándose con el viento y el calor temprano de junio.

Cada junio, esta tradición centenaria reúne a yegüerizos, caballos marismeños y familias de la zona en uno de los recorridos más emblemáticos de Doñana y Andalucía.

Yeguas cruzando la Marisma M Angel Jimenez
Yeguerizo guiando a yeguas por la marisma. M Angel Jimenez

Una tradición que sigue formando parte de la vida de Doñana

Cada año, a finales de junio, los yegüerizos recorren las marismas del entorno de Doñana para reunir a las yeguas y potros que viven en libertad durante gran parte del año.

Después, las conducen hasta El Rocío y Almonte en una jornada que mezcla naturaleza, esfuerzo, tradición y encuentro.

Aunque muchas personas llegan para verla por primera vez, aquí sigue viviéndose como algo profundamente cotidiano.

No es una representación.
No es un espectáculo preparado.

Forma parte de la relación histórica entre las familias, los caballos y este territorio.

Y eso se percibe enseguida.

En cómo se mueve la gente.
En la manera en que los yegüerizos hablan a los animales.
En las generaciones que vuelven cada año al mismo camino.

Hace un tiempo compartimos también la historia y el origen de esta tradición centenaria, profundamente ligada a la vida de Almonte y las marismas de Doñana.

El trabajo de los yegüerizos durante la Saca de las Yeguas

Una de las cosas más impresionantes de vivir La Saca desde dentro es observar el trabajo de los yegüerizos.

La manera en que reúnen a los animales en mitad de la marisma.
Cómo los guían entre agua, arena y caminos abiertos.
La calma con la que manejan cientos de caballos en movimiento constante.

Todo ocurre con una naturalidad difícil de explicar hasta que se ve de cerca.

No hay prisas.
No hay grandes gestos.

Solo experiencia, conocimiento del territorio y una relación muy profunda con los animales.

Las voces graves con las que se llaman entre ellos o corrigen el movimiento de las tropas forman parte del paisaje sonoro del día.

A veces apenas hace falta levantar la voz.

Los caballos parecen reconocer esos tonos, esos ritmos y esa manera de moverse que se ha repetido durante generaciones.

Después de atravesar El Rocío, donde yeguas y yegüerizos reciben la bendición frente a la Ermita, las tropas continúan hasta Almonte, donde los animales pasan las revisiones veterinarias y vacunas necesarias antes de la feria ganadera.

Allí también se realizan labores tradicionales como la tusa de las crines y el herrado, mientras comienzan los encuentros entre ganaderos, criadores y familias que cada año mantienen viva esta tradición.

Es también el momento en el que se realizan muchos de los tratos de compra y venta.

Pero incluso entonces, todo sigue sintiéndose más humano que comercial.

Más ligado al encuentro y a la continuidad de una forma de vida que al espectáculo.

Para quienes nunca han vivido La Saca de las Yeguas de cerca, compartimos este pequeño vídeo donde puede sentirse parte del ambiente y del recorrido que acompaña esta tradición.

Vivir la Saca desde Kukutana

Este año quisimos acompañar la experiencia desde dentro, siguiendo el ritmo del día y dejando espacio para observar todo lo que ocurre alrededor de los caballos.

La salida temprano.
El calor que empieza a subir poco a poco.
Las pausas improvisadas.
Los sombreros cubiertos de polvo.
La llegada de las tropas atravesando la arena.

Más que una jornada organizada, la Saca se vive como un movimiento continuo que atraviesa el paisaje y transforma el ambiente de toda la zona.

Desde Kukutana preparamos el día de forma tranquila, acompañando a nuestros huéspedes para que puedan acercarse a la tradición desde el respeto y la observación, entendiendo no solo el recorrido, sino también todo lo que sucede alrededor.

Porque gran parte de esta experiencia ocurre precisamente ahí:
en la espera,
en las conversaciones,
en la forma en que las personas se reúnen alrededor del camino.

La mirada de quien vuelve

Este año también tuvimos la suerte de compartir La Saca con una antigua huésped y amiga de Kukutana.

La fotografía es una de sus grandes pasiones y, desde hace años, soñaba con vivir La Saca de las Yeguas desde dentro. Compartir esta experiencia con ella nos permitió redescubrir la tradición a través de la mirada de alguien que la vivía por primera vez. Muchas de las imágenes que acompañan este artículo son suyas y reflejan no solo la fuerza de los caballos, sino también esos pequeños momentos que hacen tan especial esta tradición. Si quieres descubrir la experiencia a través de su objetivo, puedes visitar su galería completa de La Saca de las Yeguas.

Uno de los momentos que más le sorprendió llegó después del paso por El Rocío. Durante el tradicional descanso bajo los pinares, antes de continuar hacia Almonte, cientos de caballos permanecían tranquilos a la sombra mientras familias enteras compartían comidas, largas conversaciones y pequeños momentos de siesta para refugiarse del calor.

Como nos contó después, era la parte del día que más le había costado imaginar antes del viaje y, sin embargo, terminó siendo una de las que más le emocionó. Poder caminar entre los caballos y contemplar ese ambiente de convivencia, con mesas improvisadas, familias reunidas y una hospitalidad tan natural, le permitió descubrir una dimensión de La Saca que va mucho más allá del paso de las yeguas.

Cuando le preguntamos qué instante recordaría siempre, no dudó ni un momento.

Fue el recorrido a caballo hacia El Rocío al amanecer.

La luz suave de la mañana, la calma que precede a un día tan intenso y la emoción de entrar en el pueblo mientras los yegüerizos conducían las manadas entre las calles cubiertas de arena y repletas de gente hicieron de ese momento una experiencia difícil de olvidar.

Como ocurre con muchos de quienes viven La Saca por primera vez, no fueron solo las imágenes las que dejaron huella, sino la sensación de formar parte, aunque solo fuera por un día, de una tradición que sigue viva y que continúa transmitiéndose de generación en generación.

Mucho más que los caballos

Durante la Saca no solo se observa el paso de las yeguas.

También aparecen pequeños detalles que forman parte de la identidad de esta tierra:

las conversaciones a la sombra,
los niños acompañando el recorrido,
los sombreros,
la arena cubriendo la ropa al final del día.

Todo ocurre despacio, siguiendo un ritmo que parece pertenecer a otro tiempo.

Y quizás por eso sigue emocionando tanto.

Porque en un mundo donde casi todo sucede rápido, todavía existen lugares donde las tradiciones continúan formando parte de la vida cotidiana.

Una forma distinta de acercarse a Andalucía

La Saca de las Yeguas no se entiende únicamente mirando.

Se comprende caminando junto al polvo, el calor y el ritmo de los caballos.

Compartiendo el día con quienes siguen manteniendo viva esta relación entre naturaleza, cultura y territorio.

Y quizás ahí está lo más especial de esta experiencia.

En descubrir una Andalucía que todavía se vive desde dentro.

¿Te gustaría vivir La Saca de las Yeguas con nosotros?

Cada edición es diferente, pero todas comparten la misma esencia: la oportunidad de acercarse a una de las tradiciones más auténticas de Andalucía desde el respeto, la observación y el contacto directo con el territorio.

Consulta las próximas fechas y toda la información sobre la experiencia aquí.

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