Recuperar al lince ibérico y proteger los humedales para miles de aves migratorias son sólo dos de las muchas iniciativas de conservación destinadas a proteger uno de los ecosistemas más importantes de Europa.
El Parque Nacional de Doñana, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es un extraordinario paraíso natural situado en Andalucía, a sólo una hora de la maravilla cultural y culinaria de Sevilla.
Doñana, que bordea la orilla norte del Guadalquivir en su desembocadura en el Atlántico, posee una seductora variedad de paisajes, que van desde las dunas y los matorrales hasta los extensos pinares, las lagunas, las marismas y las playas vírgenes de arena blanca.
Doñana es uno de los centros de biodiversidad más importantes de Europa; sus humedales son un santuario para la fauna silvestre, incluidas 360 especies diferentes de aves domésticas y migratorias que lo utilizan como punto de parada en sus viajes entre Europa y África Occidental: el águila imperial ibérica, la cerceta pardilla, la malvasía cabeciblanca, el charrán patinegro y la focha moruna consideran el parque y sus bosques y humedales su hogar.
El parque también alberga uno de los felinos más amenazados del mundo, el místico lince ibérico, entre casi 40 especies diferentes de mamíferos, otros 40 reptiles y anfibios, y más de 1.000 invertebrados terrestres y acuáticos.
Además de sus increíbles habitantes animales, en Doñana se han identificado más de 1.400 especies de flora, lo que supone 114 familias de plantas superiores, algunas de las cuales son endémicas -no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra- y totalmente nuevas para la ciencia.
Doñana es uno de los mayores humedales que sobreviven en Europa, con marismas de agua dulce y salada que cubren más de la mitad de la superficie de todo el parque. La compleja red de diferentes ecosistemas de Doñana depende totalmente de un suministro constante de agua, tanto del propio Guadalquivir como de un extenso sistema acuífero subterráneo.
Pero con esta increíble variedad de fauna y flora dependiente de un frágil y delicado conjunto de complejos ecosistemas, el Parque y las criaturas que lo habitan son vulnerables, al cambio climático, la pérdida de hábitats y otras presiones.

De vuelta del abismo: El lince ibérico
El matorral mediterráneo arenoso, los matorrales y los bosques abiertos de Doñana constituyen un hábitat ideal para el lince ibérico, pero por desgracia este escurridizo felino está gravemente amenazado, ya que su frágil hábitat se ve amenazado por explotaciones y pozos ilegales, la minería y el dragado de ríos.
En 2002 quedaban menos de 100 ejemplares en libertad, lo que la dejaba en una situación increíblemente vulnerable a la extinción.
Bajo la dirección del WWF y las autoridades del parque, y con el apoyo de otras organizaciones conservacionistas, se ha instalado una red de cámaras trampa para rastrear la especie y conocer sus hábitos y distribución, mientras que se utilizan collares de radio para seguir a los individuos; por muy escurridizo que sea, el lince puede presumir ahora de ser una de las especies más estrechamente vigiladas del mundo.
Los conejos representan el 90% de la dieta del lince, pero con las enfermedades que asolan la población de conejos y más de 30 especies en el parque que dependen de los conejos como principal fuente de alimento, la competencia se ha intensificado y el número de linces y otras especies forestales ha disminuido.
Por ello, los esfuerzos se han centrado en aumentar las poblaciones de conejos, con el fin de salvar al lince y garantizar la viabilidad de las poblaciones en crecimiento.
Además, gracias a un exitoso programa de cría en todo el país, se han reintroducido linces criados en cautividad en la naturaleza, tanto en Doñana como en otras zonas de España y Portugal seleccionadas a mano, lo que ha permitido que se establezcan y sobrevivan nuevas poblaciones al tiempo que se les protege de las amenazas que suponen la caza furtiva, el envenenamiento y los accidentes de tráfico; incluso se han construido puentes en las carreteras que cruzan el parque y las zonas circundantes para ayudar a los linces a evitar el tráfico.
Estos esfuerzos concertados han hecho crecer la esperanza de que esta especie tenga un brillante futuro por delante. El número de ejemplares ha aumentado a unos 1.600 y el lince ha empezado a dispersarse por toda la Península Ibérica más allá de las zonas de conservación designadas; una recuperación notable para esta especie en peligro de extinción y un testimonio del duro trabajo de los dedicados conservacionistas de Doñana y de otros lugares.
Los guardas del parque son muy conscientes de la necesidad de proteger los delicados ecosistemas y la vida salvaje de Doñana. Aunque los esfuerzos de conservación centrados en las grandes especies carismáticas acaparan la atención, la protección del entorno natural es un área crucial, aunque menos glamurosa, de la conservación, y hay varios proyectos destinados precisamente a eso.






Cartografía y gestión
Para proteger Doñana y asegurar su futuro en un mundo acosado por los desafíos globales, son vitales unas estrategias de gestión cuidadosas y preventivas; la vigilancia y la investigación son fundamentales. ECOPOTENTIAL es un proyecto financiado por la UE que utiliza imágenes por satélite para gestionar los ecosistemas terrestres y de humedales del parque, lo que permite evaluar el impacto del cambio climático y la contaminación y aplicar políticas de gestión con base científica.
Los esfuerzos de conservación también han apoyado programas para proteger el lince, el águila imperial ibérica y la cerceta pardilla, así como la diversidad de aves acuáticas migratorias y domésticas.
Obras hidráulicas
El nivel de las aguas de las marismas de Doñana se ha desplomado en los últimos 30 años, como consecuencia de las actividades humanas perjudiciales que invaden el parque.
El cambio climático, la agricultura (incluidos los pozos ilegales hundidos para alimentar explotaciones frutícolas), el turismo, la contaminación minera y el dragado del río Guadalquivir han pasado factura. Ante la sobreexplotación de los acuíferos regionales, que está provocando una peligrosa desecación de las marismas, se ha iniciado una acción colectiva, encabezada hace unos años por WWF, que ha reconocido que, si bien las actividades agrícolas y turísticas son fundamentales para la zona, deben desarrollarse en un marco que garantice el futuro de Doñana y proteja sus frágiles ecosistemas.
WWF ha colaborado con cadenas de supermercados en el abastecimiento sostenible de productos y el fomento de mejores prácticas entre los agricultores para minimizar su impacto ambiental.
En diciembre de 2023, el Gobierno español dio un importante paso adelante en materia medioambiental al anunciar un acuerdo de inversión de 1.400 millones de euros para proteger el Parque Nacional de Doñana. Con esta audaz iniciativa, que anima a los agricultores a abandonar los cultivos intensivos en agua y adoptar prácticas más sostenibles, se espera reducir la presión sobre los acuíferos subterráneos y proteger los valiosos ecosistemas de Doñana.
También se reforestarán franjas de terreno para protegerlas de las amenazas medioambientales. En un contexto de cambio climático y sequías cada vez más frecuentes, el plan sienta un importante precedente de responsabilidad medioambiental global, mostrando cómo un cuidadoso equilibrio entre las necesidades humanas y la preservación ecológica puede ayudar a preservar nuestros recursos naturales para las generaciones venideras.
Turismo de bajo impacto
Somos muy conscientes de la importancia de minimizar nuestro impacto en los ecosistemas únicos del Parque Nacional de Doñana. Nuestros paseos a caballo y en carruaje por el parque son una forma de bajo impacto para disfrutar de la paz y la tranquilidad del parque y sus paisajes circundantes, y proporcionan el punto de vista perfecto para observar linces, ciervos, jabalíes y aves en abundancia.
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